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Darwin contra Designio – trasfondo y motivos

Darwin contra Designio – trasfondo y motivos

Santiago Escuain, Graduado en Ingeniería Técnica en Procesos Químicos

El estudio comparado del desarrollo de los embriones aportaría, según el darwinismo, otra de las pruebas clásicas en favor de la evolución. Al parecer, determinadas similitudes entre embriones de peces, aves, mamíferos y seres humanos demostrarían que todos ellos descenderían de antepasados comunes parecidos a los peces.

 Por lo que respecta a la controversia entre Darwin y el designio divino de la vida, se pueden observar los siguientes puntos:

1. Nadie duda de las observaciones realizadas por Darwin, y por los estudiosos de la naturaleza antes que él, respecto a los cambios en los seres vivos, ni en lo que se refiere a la descendencia con modificación. La gran cuestión atañe al alcance de estos cambios, a su significado, a la interpretación que puedan recibir. Darwin mismo concede este punto, al decir:

«… [M]e doy cuenta perfectamente de que en este volumen apenas se discute un solo punto sobre el cual no puedan aducirse hechos que a menudo parezcan conducir a conclusiones diametralmente opuestas a aquellas a las cuales yo he llegado. Un resultado imparcial sólo puede obtenerse declarando cabalmente y sopesando los hechos y los argumentos en los dos lados de la cuestión …»

Charles Darwin, El Origen de las Especies por Selección Natural, 1859. [Ed. Zeus, Barcelona 1970, p. 18.]

2. Ahora bien, debido a circunstancias ideológicas y sociopolíticas, el ambiente general en Inglaterra y en muchos lugares de Europa anhelaba una formulación del origen y desarrollo de la vida que constituyese un apoyo racional a una filosofía bien atea, bien agnóstica, que estaba ya muy extendida. Pero los que mantenían esta postura se encontraban con el peso del argumento de la obra Teología Natural, de William Paley (1802), acerca de la evidencia de un diseño inteligente en las formas y funciones de la vida.

Esto llevaba a que la filosofía atea o agnóstica se encontrase con la gran dificultad de la evidencia de designio en los seres vivos. De hecho, uno de los principales proponentes modernos del ateísmo, el profesor Richard Dawkins, dice que Darwin

«hizo posible el ser un ateo intelectualmente satisfecho»

(El Relojero Ciego, p. 9 de la edición inglesa.)

Nos parece que el gran atractivo de la tesis de Darwin reside, más que en el rigor de las interpretaciones que propone de cambio en el mundo de los seres vivientes, en la «liberación» que da al hombre con respecto a Dios como un Ser Real de quien depende. Por las razones que fueren, y como lo documenta Michael Denton en su obra Evolution, a Theory in Crisis, al cabo de muy pocos años el Darwinismo se había transformado desde una propuesta discutible a un dogma hegemónicamente aceptado por las clases intelectuales.

Los argumentos aparentemente persuasivos de Darwin, verosímiles para el estado de conocimientos de los seres vivos y de sus relaciones en aquellos tiempos de mediados del siglo XIX (o más bien debido al gran desconocimiento que se tenía de ello, en realidad) no quedaron respaldados por una aportación de nuevos datos que llevasen a una aceptación mayoritaria de la tesis de Darwin. Más bien, existía un clima preparado para el rechazo del cristianismo, y para la aceptación de tesis materialistas y ateas, o al menos para el rechazo de todo pensamiento de un Dios personal y activo en Creación y Providencia por parte de muchos, debido a la influencia de filósofos como David Hume, y de escritores como Voltaire.

El mismo Darwin desvela ocasionalmente en su correspondencia tanto su trasfondo como sus motivos. En una carta a su hijo George dice, entre otras cosas:

«… Lyell está bien firmemente convencido de que ha sacudido la fe en el Diluvio de una forma mucho más eficaz no habiendo jamás dicho una palabra contra la Biblia, que si lo hubiera hecho de otra manera. …
He leído últimamente La Vida de Voltaire, de Morley, y el autor insiste enérgicamente que los ataques directos contra el cristianismo (incluso cuando se escriben con la maravillosa fuerza y energía de Voltaire) producen poco efecto permanente: un efecto verdaderamente bueno sólo parece seguir a los ataques lentos y silenciosos.»

(21, 22, 24 d’octubre, 1873: MSS de Cambridge.) Citado en Gertrude Himmelfarb, Darwin and the Darwian Revolution (Chatto & Windus, Londres 1959), p. 320.

Prosiguiendo con la cuestión de trasfondo y motivos, el célebre novelista Aldous Huxley, hermano de Julian Huxley, el primer director de la UNESCO, y nieto de Thomas Henry Huxley, conocido como el «Bulldog» de Darwin, escribe estas reflexiones en una de sus obras:

«… El filósofo que no encuentra significado en el mundo no está interesado de manera exclusiva en un problema de metafísica pura: también está interesado en demostrar que no hay razón válida alguna por la que él personalmente no pueda hacer aquello que le dé la gana. …»
Yo tenía motivos para no querer que el mundo tuviese sentido; fue por eso que di por supuesto que no lo tenía, y pude encontrar, sin ningún tipo de dificultades, razones satisfactorias para esta presuposición. … En cuanto a mí mismo, como sin duda fue el caso entre mis contemporáneos, la filosofía de la ausencia de significado era esencialmente un instrumento de liberación. La liberación que deseábamos era a la vez una liberación de un cierto sistema político y económico, y también una liberación de un cierto sistema de moralidad. Nos enfrentábamos a la moralidad porque interfería en nuestra libertad sexual. …»

Huxley, Aldous: Extractos de Ends and Means: An Inquiry into the Nature of Ideals and into the Methods Employed for Their Realization (Harper and Brothers Publishers, New York and London, 1937, quinta edición), pp. 314-317.

El filósofo Thomas Nagel, en su libro The Last Word [La última palabra] se refiere a lo que él llama «el temor a la religión misma». Escribe él:

«Hablo por experiencia, siendo que yo mismo siento profundamente este temor: Deseo que el ateísmo sea cierto y me intranquiliza el hecho de que algunas de las personas más inteligentes y mejor informadas que conozco son creyentes religiosos. No se trata sólo de que yo no creo en Dios y que, naturalmente, espero estar en lo cierto en mi creencia. ¡Se trata de que tengo la esperanza de que no haya Dios! No quiero que haya Dios; no quiero que el universo sea así.»

Desde su punto de vista, este temor puede ser

«la causa de mucho del cientificismo y reduccionismo de nuestro tiempo»

The Last Word [La última palabra] (Oxford University Press, 1997), (pág. 130).

El propósito de estas páginas es replantear el reto de Darwin, sometiéndolo a examen y ponderando ambos lados de la cuestión. Como él mismo dijo:

«Un resultado imparcial sólo puede obtenerse declarando cabalmente y sopesando los hechos y los argumentos en los dos lados de la cuestión».

Ya en tiempos de Darwin aparecieron una buena cantidad de estudios y de argumentos que exponían la inverosimilitud real de sus argumentos, más allá de las apariencias superficiales. Y durante el siglo XX han ido surgiendo más y más conocimientos que exponen la bancarrota efectiva del argumento darwinista. Es cierto que se ha hecho un gran esfuerzo por lograr la síntesis de estos conocimientos, como la confirmación de la naturaleza discontinua del registro fósil, de los mecanismos celulares, de las realidades de la genética, interpretándolos y encasillándolos dentro del modelo darwinista o neodarwinista. Pero la acumulación de datos a lo largo del siglo XX, y especialmente durante los últimos 50 años, debido a la terquedad de los hechos, pone en evidencia el hundimiento del rancio materialismo del siglo XIX, que lo contemplaba todo exclusivamente en términos de materia y movimiento, o de materia y energía.

Ahora sabemos que todas las estructuras de la vida están organizadas y gobernadas por una información codificada de diversas formas, y que existen unos soportes de información, sistemas de transcripción de dicha información, sistemas de traducción de la misma y de ejecución a forma y función en los seres vivos; sistemas de verificación y mantenimiento de la información, y de una dinámica de reproducción de estos sistemas.

La información comporta efectivamente todo un conjunto de aparatos que posibilitan su lectura, comprensión y plasmación en los fenómenos de la vida, con unos verdaderos y rigurosos mecanismos temporizadores y de control de flujo, y de identificación, sumamente específicos y de una complejidad irreducible hacia arriba y hacia abajo que jamás hubiera podido surgir por pequeños pasos aleatorios con funcionalidad alguna. Porque la funcionalidad pertenece al sistema como un todo.

Es bien cierto que en la sociedad actual existe el intento descarado de silenciar la tesis del Diseño Inteligente de la vida, como cosa ya refutada por Darwin. Pero esto no es cierto. Darwin propuso una tesis negando el designio, y proponía unas pruebas, aunque, en palabras del mismo Darwin, quedaba claro que

«en este volumen apenas se discute un solo punto sobre el cual no puedan aducirse hechos que a menudo parezcan conducir a conclusiones diametralmente opuestas a aquellas a las cuales yo he llegado»,

es decir, las conclusiones directamente contrarias son las que mantienen el Diseño Inteligente, divino, de la vida.

Que la propuesta de Darwin cristalizase como dogma en su época se debió más a las prisas por aceptar unos argumentos que pareciesen verosímiles que no a la aplicación del rigor intelectual para sopesar estos argumentos, al encontrarse en un clima social e ideológico favorable a los mismos. Y su mantenimiento en la actualidad no se comprende más que por la propaganda masiva de unos medios de comunicación dirigidos a mantener una perspectiva dogmática materialista, que queda a descubierto en la franca y reciente admisión de Richard Lewontin, sobre la que es necesario volver a insistir:

«… tenemos un compromiso previo, un compromiso con el materialismo. No se trata de que los métodos y las instituciones de la ciencia nos obliguen de alguna manera a aceptar una explicación material del mundo fenomenológico, sino al contrario, que estamos obligados por nuestra adhesión previa a las causas materiales a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan explicaciones materiales, no importa cuán contrarias sean a la intuición, no importa lo extrañas que sean para los no iniciados. Además, este materialismo es absoluto, porque no podemos permitir un Pie Divino en la puerta.»

Richard Lewontin, en New York Review of Books (9 de enero de 1997, p. 31)

 

Fuente de la noticia: http://www.creacionismo.net/genesis/Art%C3%ADculo/darwin-contra-designio-trasfondo-y-motivos