Menú principal
Facebook
Menú secundario
¿De dónde venimos, azar o creación?

¿De dónde venimos, azar o creación?

Antonio Cruz, Doctor en Biología

Uno de los más populares predicadores del naturalismo, el ya fallecido Carl Sagan, desde su famosa serie Cosmos, se apresuró a responder que:

“Somos hijos del cosmos […] porque el cosmos es todo lo que existe, existió o existirá jamás”

Según él, el universo sería el producto de fuerzas ciegas sin un fin determinado. ¿Puede llamarse a esto ciencia? ¿Cómo es posible demostrar tal afirmación? El naturalismo puede presentarse como ciencia, mediante cifras y datos, pero es una religión que se está enseñando por todas partes, a los niños y a los adultos. El debate no es entre la Biblia y la ciencia, sino entre religión y religión, entre naturalismo y cristianismo. Por una parte la visión naturalista nos dice que el universo es el producto de la casualidad. Por la otra, la visión cristiana afirma que fuimos creados por un Dios que nos ama y tiene un propósito para nosotros.

Naturalismo

El naturalismo afirmaba hasta hace poco que la materia del universo era eterna, que no se podía crear ni destruir, y que, por lo tanto el cosmos no había sido creado. Esa materia empezó a cambiar al azar, en algún momento indeterminado, y originó por evolución todas las galaxias, estrellas y planetas del universo, así como a todos los seres vivos de la Tierra, incluido el hombre. Más tarde, Darwin vistió esa idea con su teoría de la selección natural de las especies biológicas. Un proceso ciego, sin meta u objetivo final, pero capaz de originar por casualidad, la inmensa diversidad de seres del universo.

Cristianismo

El cristianismo, basado en la Revelación bíblica, afirma por el contrario que la materia no es eterna, sino que fue creada por Dios, igual que el tiempo y el espacio. Dios creó el universo con un propósito inteligente, con un objetivo final, y calculó con suma precisión cada ley natural y cada detalle importante para vida.

Ciencia

Resulta que en las últimas décadas, la ciencia ha cambiado su manera de entender el origen del universo, acercándose más a los planteamientos de la Biblia. Después de haber sostenido durante siglos que el universo y la materia eran eternos y que, por lo tanto, no necesitaban de un Creador, hoy se ha encontrado evidencia de que tuvieron un principio en un tiempo finito, justo como decía la Biblia. La idea de la creación ya no es sólo una cuestión de fe religiosa. Como confiesa el físico agnóstico, Paul Davies:

“El Big Bang es el lugar en el universo donde hay espacio para que aún el materialista más tenaz, admita a Dios”.

Paul Davies, 1988b

Pero no sólo se cree que hubo un gran comienzo, sino que además la ciencia está reconociendo últimamente, que la estructura física del universo ofrece asombrosa evidencia de propósito y designio. Se ha propuesto el llamado principio antrópico, que afirma que la estructura del cosmos es exactamente la que debe ser para que haya vida y vida inteligente. La asombrosa cantidad de coincidencias cósmicas que hacen posible la vida en la Tierra (como su órbita precisa, la temperatura adecuada, su distancia al Sol, la estructura del átomo de hidrógeno, la forma molecular del agua, etc.), ¿se deben al azar o a un designio inteligente? Esto preocupa hoy a físicos y astrónomos porque comienza a parecer que las leyes de la física fueron calibradas exquisitamente desde el comienzo para la creación de la vida humana. La ciencia abre hoy la puerta a la fe en el Dios Creador.

¿Qué podemos decir del origen de la vida y de su evolución posterior según propone el darwinismo? Hoy por hoy, ni se ha creado vida en el laboratorio, ni se conoce cuál podría ser el motor de la evolución, si es que ésta se ha producido. Las mutaciones y la selección natural al azar no crean nada nuevo. La inmensa mayoría de tales mutaciones son letales o perjudiciales para los individuos que las presentan. Las especies biológicas cambian hasta un cierto límite que no pueden cruzar. Hay una gran diferencia entre microevolución y macroevolución. Los órganos y funciones “irreductiblemente complejos” no permiten interpretar su origen por medio del darwinismo. La realidad de las lagunas fósiles y la debilidad de las teorías que pretenden explicarlas se ha puesto de manifiesto.

De todo esto puede deducirse que la teoría de Darwin no es ciencia, sino filosofía naturalista disfrazada de ciencia. Desde ningún rincón de la verdadera ciencia actual, se puede descartar o negar que la naturaleza sea el producto de la mente creativa de un Dios inteligente. La doctrina bíblica de la creación sigue siendo el primer elemento de la visión cristiana del mundo, el fundamento sobre el cual se edifica todo lo demás.

 

Fuente de la noticia:

http://www.creacionismo.net/genesis/Art%C3%ADculo/%C2%BFde-d%C3%B3nde-venimos-azar-o-creaci%C3%B3n