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El origen de las cosas y la vida

El origen de las cosas y la vida

Dr. Ernesto Contreras

 Por el simple hecho de que nadie ha descubierto una manera demostrable de volverlo a hacer, nadie puede comprobar cómo es que se originó el universo en el que nuestra galaxia (la vía Láctea) y nuestro sistema solar, la Tierra y todas las cosas que en ellos hay. Lo más que podemos hacer es proponer teorías al respecto. Aunque se han propuesto muchas variaciones, la realidad es que sólo hay dos teorías que hasta ahora se sostiene férreamente, únicamente por fe, y sin ninguna posibilidad a la vista, de que se puedan comprobar.

Una es la que dice que todo apareció, se organizó y se diversificó hasta llegar a lo que ahora podemos ver, por pura casualidad, y la otra es la que asegura que por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

A la primera teoría se le conoce como la teoría de la evolución y a la segunda, la teoría del creacionismo.

Lo que sí podemos hacer y está ampliamente documentado, es presentar científicamente las evidencias, argumentos y hallazgos que descartan la teoría de la evolución por ser una imposibilidad, y los argumentos que, al ser evidente que el universo, el sistema solar, la Tierra y los seres vivos, están extraordinariamente bien diseñados, organizados y gobernados por leyes físicas, químicas y biológicas estrictas, hacen que se concluya que todos son necesariamente, el producto de un Creador, Organizador, Diseñador y Legislador que hizo y sostiene con sobrenatural capacidad, lo que la casualidad no pudo hacer y que de cualquier otra manera, caería en caos como cae un castillo de palillos o naipes, con que sólo se mueva de su lugar una de sus piezas.

La teoría de la evolución propone, que una vez que quién sabe cómo, apareció la materia, el universo, el sistema solar y el planeta Tierra, se formaron al organizarse y condensarse, enfriarse y separarse, halos de materia incandescente hasta formar espontáneamente, el sistema solar en el que vivimos. Hay más que suficientes estudios que demuestran que para que esta teoría pudiera hacerse realidad, se tendrían que haber violado múltiples leyes de física y astronomía, lo cual la deja sin fundamento científico.

En lo que toca a la vida, la teoría de la evolución sostiene que apareció por generación espontánea. Más elegantemente, se sostiene el origen abiótico de la vida.

La teoría de la generación espontánea ha sufrido modificaciones pero en esencia propone que los seres vivos pueden surgir de sustancias inertes, gracias a una fuerza vital presente en todo lugar o por las fuerzas de la naturaleza actuando en forma extraordinaria.

Los argumentos científicos irrefutables en contra de esta teoría, los establecieron Francisco Redi (1626 a 1697), quien comprobó en 1665 que en frascos cerrados con carne en putrefacción, no se engendraban espontáneamente gusanos, mientras que en los frascos destapados y expuestos, los gusanos se desarrollaban en la carne y que éstos gusanos eran larvas de las moscas y no producto de la generación espontánea.

Lázaro Spallanzani (1780), al cerrar herméticamente frascos que contenían un caldo o medio de cultivo mientras aún hervía, evitó la contaminación, y que reaparecieran las colonias de microbios que de otra manera así se reproducían; pero fue criticado porque se dijo que su técnica impedía la entrada de la “fuerza vital” del ambiente que era la responsable de la generación espontánea.

Pero Louis Pasteur (1860) logró que no se desarrollaran microbios en el mismo caldo, dejándolo enfriar en matraces abiertos (expuestos a la “fuerza vital”), pero con “cuello de cisne” o en zig-zag que permitían la entrada de aire, pero no la llegada de las bacterias hasta el caldo. Así, se descartó por fin y definitivamente, la teoría de la generación espontánea y se estableció la ley de la biogénesis: “Toda vida procede de otra vida preexistente ” que es lo que los creacionistas sostienen.

Algunos, como Svante Arrhenius (1859 a 1927) y más recientemente Carl Sagan, han sugerido que la vida llegó a la tierra proveniente de otros planetas, en forma de esporas de microorganismos viajando en meteoritos, quienes al encontrar condiciones favorables, se desarrollaron y evolucionaron aquí (Teoría de la Panspermia), pero esta teoría simplemente traslada el dilema a otro lugar: ¿Cómo surgió la vida que llegó a la Tierra?

Aún así, ya en pleno siglo XX, ignorando todos estos postulados y muchos otros hallazgos científicos, se volvió a proponer la generación espontánea como el origen de la vida.

El investigador ruso Alexander I. Oparin (1894 a 1984) y John B. Haldane (1892 a 1964), propusieron en 1923 un modelo teórico y naturalista sobre el origen de la vida en la tierra, en forma espontánea, por abiogénesis (vida que no surge de otra vida) y “evolución química”.

Esta teoría enseña que los primeros seres vivos surgieron gracias a que la Tierra primitiva tenía un ambiente rico en gases como el metano, hidrógeno y amoniaco y pobre en oxígeno y que con fuentes de energía naturales (rayos del sol y tormentas, calor volcánico), de alguna manera se sintetizaron espontáneamente moléculas que se organizaron en esferitas llamadas “corpúsculos coacervados” formados por compuestos orgánicos esenciales. Así, carbohidratos, lípidos y aminoácidos, en el mar primitivo, que tenía la consistencia de una sopa caliente y diluida (“caldo prebiótico”), de alguna manera se aglomeraron, organizaron y formaron el primer ser vivo unicelular, microscópico, marino y muy parecido a las bacterias actuales.

El Dr. Charles McCombs, profesor de química orgánica, con 20 patentes químicas en su haber, comenta:

Como Doctor en Ciencias estoy capacitado para comprender los principios que rigen las sustancias químicas en la naturaleza y les puedo asegurar que la evidencia científica comprueba que las reacciones químicas ni funcionan así, ni son capaces por leyes naturales, de generar la vida. En toda la literatura científica mundial, jamás se ha reportado que una vida halla aparecido como resultado de una reacción química.”

Las reacciones químicas necesarias para la elaboración de las biomoléculas sólo se pueden llevar a cabo dentro de la célula viva.

A pesar de que hasta la fecha no hay un solo hallazgo científico o evidencia irrefutable que la apoye, en los últimos 150 años, gran cantidad de científicos, universitarios y conocedores de las ciencias y el mundo actual, han decidido volver a creer en la teoría del origen abiótico de la vida: Que la vida se produjo por generación espontánea y evolución química.

Para apoyar esta teoría, en la década de 1950, Stanley Miller, a la sazón estudiante de postgrado en el laboratorio del químico Harold Urey, en la Universidad de Chicago, logró sintetizar pequeñas cantidades de dos de los 20 aminoácidos con los que se estructuran las proteínas, haciendo pasar una chispa (energía) por una mezcla de gases que según él, simulaba la atmósfera de la tierra primitiva propuesta por Oparin y Haldane.

Este experimento fue repetido por Cyril Ponnamperuma (años 60s) quien usó como fuente de energía rayos infrarrojos y ultravioleta (como los del sol) logrando además de unos aminoácidos, sintetizar hidrocarburos y otros compuestos encontrados en la materia viva.

Por otro lado, Sidney W. Fox, al someter a unas proteínas a temperaturas como las de la lava, obtuvo esférulas que semejaban los corpúsculos coacervados mencionados en la teoría de Oparin -Haldane.

Con estos logros, los investigadores más optimistas, llegaron a la conclusión de que esto probaba que “los productos químicos y las reacciones necesarias para producir la vida, podrían haber estado presentes en suficiente cantidad, sobre la tierra primitiva.”

El único problema que permanece (lo resume el Lic. Phillip E. Johnson, graduado de Harvard y de la U. de Chicago), es que,

“las sustancias químicas son inertes y no tienen descendencia, y una característica indispensable de todo ser vivo, es su capacidad de reproducirse y transmitir a sus descendientes, la información genética indispensable para la preservación de su especie. El reto de la evolución es encontrar una manera de conseguir alguna combinación química hasta el punto donde pudiera iniciarse la reproducción.”

Pero tras décadas de intentos y miles de experimentos,

“no ha sido posible producir otros componentes precisos para la vida.”

El descubrimiento de los priones, virusoides, viroides y virus (parásitos intracelulares formados por proteínas con o sin ácidos nucleicos y otras biomoléculas), han demostrado que ni aún ellos, se pueden considerar precursores de las células vivas o ejemplos de “evolución química”, pues a pesar de sus frecuentes y múltiples mutaciones, no son formas intermedias en evolución, sino entidades estables e inertes, y desde su origen, dependieron de una célula viva preexistente para poderse replicar (multiplicar).

Además, los geoquímicos han concluido que “la atmósfera de la tierra primitiva, no tenía la capacidad necesaria para reproducir el experimento de Miller -Urey, incluso bajo condiciones ideales. Ante tales frustraciones, Robert Shapiro declaró en 1986:

“Hace una generación, el campo de la evolución biológica parecía estar al borde de un éxito espectacular. En la actualidad, se encuentra prácticamente allí, donde Darwin la dejó.”

La dificultad básica para explicar cómo la vida pudo comenzar es que todos los seres vivos conocidos (incluyendo las bacterias más primitivas), son extremadamente complejos.

Creer que a partir de aminoácidos, hidrocarburos y otras biomoléculas se puede espontáneamente, organizar, formar y hacer funcionar una célula capaz de reproducirse, es como creer en la metáfora del famoso astrofísico británico Fred Hoyle, que dice:

Que un organismo vivo surgiera por azar procedente de una sopa prebiótica, es más o menos tan probable como que un tornado que azotase una chatarrería, montase un Avión Boeing 747.

Las fuerzas de la naturaleza, sin control, dirección, ni propósito (uniformismo) y por sucesos ocurridos al azar, tendrían que acomodar, organizar, reordenar y transformar magistralmente, todos los materiales disponibles ahí, para lograr tal hazaña. El profesor Ralph O. Muncaster, profesor en la Universidad Vanguard del sur de California, agrega:

“Este montaje al azar de una célula, es sólo una manera naturalista de decir ¡milagro! Además, nótese que el diseño de una sola célula viva es mucho más complejo que la más avanzada computadora o aeroplano.”

Ante lo imposible, los darwinistas simplemente dicen:

“La vida evidentemente existe y sea como haya sido, creemos que apareció por un proceso natural.” “Tuvo que suceder un acto de generación espontánea”

(Eugene H. Cordes y Riley Schaeffer. libro Química, 1972).

El profesor Scott M. Huse, Ph. D., concluye:

“El concepto moderno de la evolución puede verse como una regresión a la mentalidad del siglo XVI, porque enseña el concepto de la generación espontánea,”

y es similar a creer que la cáscara de plátano genera las moscas, el estiércol y los cuerpos en descomposición los gusanos, y las aguas negras estancadas, las ratas.

 

Fuente de la vida: http://www.creacionismo.net/genesis/Art%C3%ADculo/el-origen-de-las-cosas-y-la-vida