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El origen de las naciones

El origen de las naciones

El Dios que hizo el mundo
Y todas las cosas que hay en él, …
De una misma sangre ha hecho toda
nación de los hombres,
Para que habiten sobre toda la faz de la
tierra;
Y les ha prefijado el orden de las
estaciones,
Y las fronteras
De sus lugares de residencia;
Para que busquen a Dios,
Si tal vez, palpando,
Pueden hallarle,
Aunque ciertamente
No está lejos de cada uno de nosotros.
Porque en Él vivimos,
Y nos movemos,
Y somos … (Hechos 17:24-28)

 

Arthur Custance, Doctor en Ciencias de la Educación

Introducción

Son tan grandes las dificultades para dilucidar, en esta etapa tardía de la historia humana, los orígenes y las relaciones de las diversas razas de la humanidad, que muchos abrigarían dudas de que ni siquiera valga la pena intentarlo en absoluto. Incluso un examen superficial de un volumen como Races of Europe, de Conn1, revelará en el acto que la mezcla racial ya ha avanzado hasta tal punto que en casi cualquier lugar del mundo se pueden encontrar individuos o grupos humanos representativos de todas las líneas raciales o subraciales actualmente reconocidas, entremezclados de forma general. Proponer, frente a esta evidencia, que mediante la Tabla de las Naciones en Génesis se puedan exponer los orígenes, relaciones y pautas de dispersión de estas líneas raciales, parece a primera vista absurdo.

Sin duda alguna, se nos acusará de una excesiva simplificación. Pero en cierto sentido esto puede constituir una ventaja en este caso, porque permite que se ignoren ciertos factores que llevan a complicaciones y se puede evitar quedar completamente abrumados por los detalles, lo que permite exponer una alternativa inteligible a las actuales teorías etnológicas, que creo que explica mejor la distinción tanto de los restos fósiles del hombre prehistórico como también de los actuales grupos raciales. Así, existe una cierta justificación para presentar el bosquejo sumamente simplificado que aparece en este artículo.

Una segunda observación que desearía resaltar es que, en esta clase de investigación, lo que constituye evidencia en favor, o prueba virtual, de una tesis, depende mucho de la inclinación del lector. ¡Demostrar que la Tierra es plana exigiría un gran peso de evidencia! Más aun, la mayoría de las personas pensarían que ninguna cantidad de evidencia sería suficiente. Pero confirmar que la Tierra es redonda demandaría bien poca evidencia. Así, que un ítem de prueba se considere como convincente o no depende a menudo no tanto de su peso intrínseco, sino de si sirve de apoyo a la opinión comúnmente aceptada.

Creo que cualquiera que acepte las Escrituras como la piedra de toque de la Verdad, incluso cuando sus llanas declaraciones parezcan contradichas por los hallazgos razonablemente seguros de la investigación secular, no demandará la misma clase de prueba para que tenga peso. Si los hijos de Jafet son, como propondremos, la población de Europa (y de parte del norte de la India, etc.) como se implica en Génesis 10, entonces una ligera evidencia confirmadora tenderá a decidir la cuestión para los que ya lo creen, en tanto que ninguna cantidad de evidencia decidirá la cuestión para los que simplemente no lo acepten. De modo similar, para los que estén persuadidos de que la Tabla de las Naciones de Génesis 10 es verdaderamente inclusiva, las razas de color deben lógicamente quedar incluidas, y en alguna parte de la misma encontraremos a los antecesores de los grupos humanos designados como negros, cobrizos y amarillos. La cuestión es si esta clase de inclusividad queda implicada en las palabras del versículo 32: «de éstos se esparcieron las naciones en la tierra después del diluvio». En la interpretación de pasajes como este, tiende a haber una divergencia entre los que dan gran importancia a las palabras propias de las Escrituras y a sus implicaciones, y los que atribuyen mucha menos importancia a las palabras mismas y que por ello no examinan las implicaciones con mucha seriedad. Estos últimos tienden a sentir suspicacias siempre que los primeros permiten que las implicaciones jueguen un gran papel en su interpretación. La cuestión, planteada de forma más amplia, es: ¿Espera Dios que busquemos implicaciones y que las desarrollemos lógicamente cuando están ausentes las declaraciones concretas que deben ser mucho más preferibles y que decidirían la cuestión?

Tocante a esto, hay unas palabras muy a propósito del doctor Blunt en su célebre libro Undesigned Coincidences in the Old and New Testament [Coincidencias inopinadas en el Antiguo y Nuevo Testamento]. Después de observar con toda razón con qué presteza se inmiscuye la imaginación cuando hay implicaciones a la vista y de qué manera tan bien dispuesta rompe todos los límites y se vuelve muy visionaria, él argumenta sin embargo de manera intensa en favor de la amplia y activa investigación de las implicaciones en las Escrituras. Dice él:2

Este es un buen principio, porque tiene la anuencia de nuestro mismo Señor, que reprocha a los saduceos por no conocer [énfasis del autor] aquellas Escrituras que habían recibido, por cuanto no habían deducido [énfasis del autor] la doctrina del estado futuro en base a las palabras de Moisés, «Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob», aunque la doctrina estaba allí si tan solo la hubieran buscado.

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Fuente de la noticia: http://www.creacionismo.net/genesis/Art%C3%ADculo/el-origen-de-las-naciones